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“Conversaciones difíciles, proyectos exitosos”

hace 4 horas
5 min de lectura

El próximo 6 de octubre estaré presente como speaker con la charla “Conversaciones difíciles, proyectos exitosos”, en el XX Congreso de PMI (Project Management Institute), que tendrá lugar en el Hotel Radisson en Montevideo.




Para quienes no lo conocen, PMI es una organización internacional que congrega a muchos directores de proyectos de Uruguay y del mundo, y promueve el desarrollo de habilidades de liderazgo y crecimiento profesional entre sus miembros.


Para preparar la charla he leído varios libros, desempolvado apuntes viejos y tomado ejemplos de la vida cotidiana.


Por eso, queridos lectores, voy a hacer economías de escala y aprovechar toda esa inversión en conocimiento realizada esta semana, para volcarlo en el newsletter de hoy.



Demás está decirles que si están por Montevideo en esa fecha y quieren asistir al Congreso, pueden conseguir entradas aquí.


Todos los días nos enfrentamos a conversaciones difíciles: hablar con el vecino porque su perro ladra toda la noche y no nos deja dormir, decirle a un colaborador que lo vamos a desvincular de la empresa o reclamarle a un colega por atrasos en sus entregas, son ejemplos de la vida cotidiana donde intervienen las conversaciones difíciles.

Pero… ¿Por qué elegí ese tema para el Congreso?

Porque en mi experiencia de trabajo con coaching a ejecutivos, he detectado que la mayoría de los problemas que traen los líderes a las sesiones de coaching, tienen relación directa con una conversación difícil que no se animan a tener.


Y los project managers, no son la excepción.


A algunos líderes incluso, la sola idea de tener una conversación de estas características es tan debilitante emocionalmente, que prefieren gastar cifras enormes de dinero en costosos juicios laborales con tal de no tenerla.


Cuando vi que era un patrón que se repetía muy a menudo, me empecé a preguntar:

¿Qué es lo que hace que a las personas nos cueste tanto enfrentar conversaciones difíciles?

Leyendo e investigando, encontré que hay varios factores que influyen en nuestra dificultad para afrontarlas. Pero hay 3 aspectos fundamentales que necesitamos atender si queremos superar el miedo a tener una conversación difícil:

  1. Las emociones involucradas

  2. La contribución de las partes

  3. Nuestra propia identidad


Una conversación difícil desata un cúmulo de emociones en nuestro interior, y aunque esto parezca obvio, la mayoría de nosotros no somos conscientes de esto hasta que no nos detenemos a pensarlo.

Las emociones son el corazón de las conversaciones difíciles.

Cuando pensamos “¿Y si se enoja?” estamos operando desde el miedo a perder la relación. Si pensamos “¡Ya se lo expliqué mil veces!”, la emoción que hay detrás es el enojo. Si decimos “Quizás estoy siendo demasiado exigente”, estamos pensando desde la culpa.


Y así pueden aparecer infinidad de emociones detrás de todo lo que pensamos que podría ocurrir si nos enfrentamos a una conversación difícil.


Por eso es importante trabajar en lo que en coaching llamamos Alfabetización Emocional. Así como aprendemos a leer y escribir para comprender y comunicarnos con el mundo que nos rodea, también necesitamos aprender a leer nuestras emociones, reconocerlas y ponerles nombre.


Solo cuando podemos comprender lo que nos pasa, podemos empezar a gestionarlo de una manera más consciente.


En segundo lugar, cuando pensamos en una conversación difícil, tendemos a pensar que tenemos razón y comenzamos a realizar interpretaciones sobre lo que sucede y sobre las intenciones del otro, echándole la culpa de lo que está pasando.


En el ejemplo del perro del vecino que ladra por las noches, podemos pensar que tenemos razón en que está mal que el vecino no se ocupe de que el perro no ladre. Podemos interpretar que no lo cuida o alimenta como debería, que es irresponsable o incluso llegar a pensar que existe maltrato animal.

Difícilmente nos detengamos a mirar cuál es nuestra propia contribución a que esta situación se haya vuelto tan difícil.

Sin embargo, nuestra contribución puede estar, por ejemplo, en haber soportado durante meses la situación sin hablar con el vecino, haber acumulado enojo, haber comentado el problema con otras personas antes de hablar con él o haber llegado a la conversación con la idea de que el otro es irresponsable y que seguramente no va a entender.


En todas las conversaciones difíciles, las partes involucradas contribuyen, de alguna manera, a que la situación haya llegado hasta donde llegó. Poder reconocer nuestra parte no significa asumir toda la responsabilidad ni justificar la conducta del otro, sino que significa recuperar una parte de nuestro poder para transformar la conversación.


Cuando dejamos de mirar únicamente qué hizo el otro y empezamos a preguntarnos “¿qué estoy haciendo yo que contribuye a que esta situación sea así?”, muchas veces baja la intensidad emocional y aparece una mirada más amplia sobre lo que está sucediendo.


Aparece la responsabilidad compartida.

El tercer factor tiene que ver con cómo nuestra identidad puede verse afectada en una conversación difícil. Y para mi, es la parte más jugosa de todo este asunto, pero la dejaré para un próximo número… no quiero hacer spoiler de toda la charla.


Herramientas útiles


Algunas herramientas que utilizo con mis clientes de Coaching son:


Role playing o juego de roles.


Aquí los invito a ponerse en el lugar de la persona con quien van a conversar asumiendo su identidad, comportamiento y rol, y viendo la situación desde la perspectiva del otro.

Esto ayuda enormemente a comprender la situación desde otro punto de vista y baja significativamente la intensidad de las emociones asociadas al hecho o situación problemática.


Observador neutral.


Otra invitación que hago a mis clientes es a ponerse en el rol de observador de lo que sucede, desde la perspectiva de un mentor o asesor externo a la situación que analiza lo que está sucediendo sin estar involucrado directamente.


Desde allí, les propongo analizar la situación desde una mirada neutral y sin juicios tratando de comprender qué aporta cada una de las partes al conflicto, qué intenciones puede haber detrás de sus acciones y qué emociones están presentes.


Al tomar distancia y observar la contribución de ambas partes, podemos ampliar la perspectiva y enriquecer nuestra mirada sobre lo que está sucediendo. Esto contribuye a dejar de mirar la situación unicamente desde nuestra posición y abrirnos a nuevas formas de ver la conversación.


Mi historia con las conversaciones difíciles


Todos los días me enfrento a conversaciones difíciles: hablar sobre porcentajes de ganancia con mis asociados, presentarle mis servicios a nuevos clientes, o incluso manejar conflictos por la limpieza y el mantenimiento en el complejo de casas donde vivo.


Pero las conversaciones que más me ha costado tener, han tenido que ver con miembros de mi familia. Porque a veces, decirle a un padre o madre cuanto los queremos también puede ser una conversación difícil.


En mi caso, mi mamá ya tiene unos cuantos años y en mi familia decir “te quiero” nos cuesta un poco. No sé si es porque tenemos raíces italianas, de una familia de gente sufrida, marcada por las guerras, pero la verdad es que nos cuesta demostrar afecto.


Sin embargo, hacía mucho tiempo que tenía ganas de tener una conversación afectuosa con ella. Quería dejar de lado los reclamos y decirle todo lo que la quería, pero me costaba mucho hacerlo, tanto que al final decidí escribirle una carta.


En esa carta le escribí acerca de todo aquello por lo cual estoy agradecida con ella, todas las cosas buenas, los momentos lindos vividos juntas, y de todo lo valioso de nuestra relación.

Y fue muy liberador.

Animarse a tener una conversación difícil puede ahorrar años de sufrimiento. Por eso si tienes alguna conversación pendiente, te animo a que la tengas. No así nomás, sino preparándola antes.


Te animo a que encuentres la manera de expresar lo que sientes, de reconocer tu propia contribución al distanciamiento —si lo hubo— y de poner el foco en aquello que puede ayudar a que el vínculo sea mejor de ahí en adelante.

Porque algunas conversaciones difíciles son simplemente para decir aquello que necesitamos decir antes de que sea demasiado tarde.

Frase célebre

“Una conversación difícil no se vuelve más fácil cuando dejamos de sentir. Se vuelve posible cuando aprendemos a conversar con lo que sentimos.” Anónimo.




 
 
 

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