Objetivos y malas hierbas ¿qué tienen que ver?
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1. Habilidad para plantearse objetivos

La mente humana siempre está persiguiendo algo. Y la realidad es que, si no sentimos que avanzamos o logramos cosas, difícilmente nos sintamos felices.
Muchas veces me dicen:“Adriana, yo no tengo objetivos”.
Y yo suelo responderles:
¿Alguna vez tuviste un dolor y deseaste que se te fuera?
¿Buscaste un lugar para irte de vacaciones?
¿O simplemente pagar la factura de la luz a fin de mes?
Todo eso son objetivos. Lo que pasa es que no siempre somos conscientes de ellos.
El problema es que muchos de nuestros objetivos quedan reducidos a esto: pagar cuentas, sobrevivir, pasar el día.
Es decir, ganarnos la vida en lugar de diseñarla.Y la realidad es que tenemos mucho más potencial que ese.
Además, cumplir —o no— nuestros objetivos sí nos afecta. Y mucho.
Entonces, ¿por qué es tan importante plantearse objetivos?¿Y qué tienen que ver con las “malas hierbas”?
Tony Robbins lo explica muy bien en su libro Controle su destino:
“Si no plantamos las semillas que deseamos en el jardín de nuestra mente, terminaremos rodeados de malas hierbas.”
Las malas hierbas son esos pensamientos automáticos que ya están ahí: escasez, miedo, fracaso, “no puedo”. No tenemos que hacer ningún esfuerzo para que aparezcan.
Pero si queremos descubrir las posibilidades que llevamos dentro, necesitamos plantar semillas distintas. Necesitamos un objetivo lo suficientemente grande como para empujarnos más allá de nuestros límites y permitirnos descubrir nuestro verdadero potencial.
Y cuando hablamos de liderazgo —de guiar a otros— esto es aún más clave. Sin objetivos claros, es muy fácil perderse en las urgencias del día a día, sin foco ni rumbo.
Ahora bien, lograr objetivos no es solo cuestión de desearlos. Hay habilidades que debemos desarrollar y ciertas “reglas” a tener en cuenta.
Hoy quiero compartirte 3 claves fundamentales a la hora de planificar tus objetivos, seas líder o no.Las demás las dejaré para próximos newsletters, porque este tema da para mucho.
1. Que sean claros y específicos
La vaguedad de los objetivos es una de las principales razones por las que no se cumplen.Decir “el año que viene quiero ser más feliz” suena bien, pero el problema es que la felicidad no significa lo mismo para todos.
A mí, por ejemplo, me hace feliz leer un libro frente al mar. Para otros, eso sería tremendamente aburrido.Por eso, el primer paso es definir qué significa concretamente ser feliz para vos.
Y acá aparece una respuesta muy común que escucho en mis clientes:“Ay, Adriana… no sé”.O versiones como: “no quiero trabajar más acá”, “no quiero tener más este jefe”.
Imaginá esta escena: te subís a un taxi y el chofer te pregunta:—¿A dónde querés ir?
Y vos respondés:—No sé…—No quiero ir al shopping.—No quiero ir a la costa.—No quiero ir al centro.
El taxista te va a volver a preguntar lo mismo una y otra vez:“Está bien, pero… ¿a dónde querés ir?”Hasta que no se lo digas, no va a arrancar.
Con los objetivos pasa exactamente lo mismo. Tendemos a decir con mucha claridad lo que NO queremos, pero nos cuesta definir lo que SÍ queremos.
Ahora pensá que ese taxista es tu cerebro y el destino es tu objetivo. Hasta que no le indiques con precisión hacia dónde querés ir, no va a ponerse en marcha. La mente no funciona con ideas vagas ni genéricas: necesita instrucciones claras y específicas para activarse.
2. Que se puedan medir
El físico y matemático británico William Thomson Kelvin dejó una frase tan simple como reveladora:
“Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.”
Por eso, todo objetivo necesita al menos un indicador que nos permita saber si fue alcanzado o no. De lo contrario, nunca vamos a tener claridad sobre si realmente lo logramos.
Los indicadores pueden ser muy variados, según el tipo de objetivo: kilos, dinero, porcentajes, cantidad de proyectos, informes entregados, casas, autos…pero también pueden ser más sutiles: emociones, estados mentales, nivel de energía u horas de sueño.
Lo importante no es el tipo de indicador, sino que exista, porque lo que no se mide, queda librado al azar.
3. Armar un plan para concretarlos
De nada sirve plantearse objetivos si no existe un plan para alcanzarlos, con acciones concretas y definidas en el tiempo.
Un objetivo necesita metas intermedias que funcionen como señales de avance. Son las que te permiten saber que vas en el camino correcto y que, paso a paso, te estás acercando a lo que querés lograr.
Por eso, además de una fecha de cumplimiento, todo objetivo debería tener metas claras y medibles que indiquen el progreso.
2. Herramientas útiles para plantearse objetivos
Te comparto aquí algunas herramientas que te pueden ayudar a plantearte objetivos.
1. Los mapas mentales
Hace muchos años, junto a Mariana Duarte —hoy una gran amiga— dábamos talleres de Mapas Mentales de Tony Buzán.
Los mapas mentales permiten mapear casi cualquier cosa: libros, decisiones, clases, charlas o proyectos completos.
Su potencia está en que combinan palabras con dibujos, activando ambos hemisferios cerebrales. Al no trabajar solo desde el hemisferio izquierdo, racional y lineal, las ideas y soluciones suelen aparecer mucho más rápido y de forma más creativa.
Si te interesa profundizar en esta herramienta, te dejo el enlace al clásico de referencia sobre el tema, en Amazon: El libro de los mapas mentales de Tony Buzán.
2. Rueda de la vida
Si no tenés claro hacia dónde orientar tus objetivos, una herramienta muy útil es la Rueda de la Vida.
La Rueda de la Vida es, tal como su nombre lo indica, una rueda que representa las áreas más importantes de tu vida: trabajo, carrera, dinero, familia, pareja, amigos, ocio, espiritualidad, desarrollo personal, entre otras.
Una vez que definís las áreas de tu rueda, el siguiente paso es puntuar cada área del 1 al 10 según tu nivel de satisfacción actual (donde 1 es muy bajo y 10 es muy alto).
Las áreas con puntajes más bajos te van a dar una señal clara de dónde poner el foco. No trates de cambiar todo al mismo tiempo, sino de identificar qué aspecto de tu vida necesita más atención hoy.
Una vez definidas las áreas prioritarias, te animo a que armes un plan concreto para aumentar su nivel de satisfacción, con acciones pequeñas y sostenidas en el tiempo.
Para ayudarte en este proceso, te dejo aquí este recurso diseñado por mi.
3. YearCompass (brújula anual)
Un ejercicio que me compartió una colega muy estimada, Karla Bartlett, y que puede ayudarte a visualizar los logros del año que termina y los objetivos para el que comienza, es YearCompass.
YearCompass es un cuaderno de trabajo que te invita a reflexionar sobre el año anterior y a planificar conscientemente el siguiente, conectando con lo que fue, lo que aprendiste y lo que querés construir.
Lleva algo de tiempo completarlo, pero justamente por eso vale la pena. Cuando se trata de tu futuro, regalarte un espacio de pausa, reflexión y planificación es una inversión, no una pérdida de tiempo.
Te lo dejo aquí para que lo puedas descargar e imprimir en español, si no te llevás bien con el inglés de la página original: YearCompass
3. Historia personal con los objetivos
Al venir de una familia de clase trabajadora y con un padre que falleció jóven, desde muy chica tuve un fuerte deseo de progresar, de “salir adelante”. Durante mucho tiempo, ese éxito estuvo asociado al dinero o a los bienes materiales. En otras etapas, tomó otra forma: bajar la ansiedad, ganar paz mental o vivir con más calma.
A lo largo de mi vida he logrado todo lo que me propuse y no por suerte, sino porque cuando quiero algo soy profundamente tenaz.
Recuerdo muy bien el momento en que quise independizarme de la casa de mi mamá. Me sentaba durante horas en el Barney’s de la calle Bulevar Batlle y Ordoñez (ex-Propios) y ahí, con tiempo y foco, armaba mapas mentales de cómo quería que fuera mi próximo lugar para vivir.
Definí cada requisito con detalle y luego leía ese mapa todos los días: al levantarme y antes de acostarme. Me imaginaba viviendo ahí, habitando ese espacio.
Poco tiempo después, conseguí un apartamento exactamente igual a como lo había plasmado en el mapa.
Siempre que puse un objetivo en un mapa mental, se cumplió. Siempre.Por eso es una herramienta que recomiendo profundamente y que sigo utilizando hasta hoy.
4. Frase inspiradorA
“Incluso si eres el mejor tirador del mundo, no vas a acertar a un objetivo que no puedes ver. Tienes que saber exactamente a qué estás apuntando”. – Brian Tracy
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